Robocop

José Padilha 2014

Time of watching 05:14

As a brazilian my initial interest on the movie was because José Padilha, a director that achieved great success in Brazil with his Tropa de Elite films directed this as his hollywood debut.

From what I read the critics on the film was that in mainly focused on the story of Alex Murphy and very little on camera action scenes. What called my attention is the whole idea of the new flesh inserted in comparison with the previous Robocop film.

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What is the new flesh? The human body beyond it’s original form, the body as a canvas for improvment. I copied this description from the book La Nueva Carne – Una estética perverso del cuerpo editied by Antonio José Navarro and published in 2002 by Valdemar that throughout its chapters analyzes the New Flesh from Cronenberg to body art, tatoos, piercings, etc.

¿Qué es la Nueva Carne? Ni el más aguerrido analista cultural sería capaz de proponer una definición válida capaz de englobar las distintas manifestaciones creativas -y filosóficas- que en los últimos veinte años han transformado el cuerpo humano en un nuevo ente monstruoso, el cual, de forma extremadamente gráfica, mediante pústulas y supuraciones infecciosas, tumores y malformaciones provocadas, cirugía extrema y manipulaciones genéticas, sexo violento y carne apaleada, injertos tecnológicos e invasiones víricas, expresa terrores que desde siempre anidan en el alma humana. Miedos viejos bajo envoltorios nuevos.

¿Y cuáles son esos miedos? «El temor al cuerpo mutilado, a la transgresión de las fronteras corporales (interior-exterior). Vivimos en una situación en la que la integridad física y psíquica del ser humano está continuamente en entredicho. A los monstruos que nacen se unen, entonces, los que la sociedad fabrica (guerra, accidentes, crueldad, psicosis…). La unidad del ser humano se rompe y se instituye el desorden, el caos y lo impuro. Lo monstruoso es entonces lo intolerable, aquello que hace nacer en nosotros el horror, la angustia». A lo que cabe añadir la disgregación del cuerpo como supresión de todos los vínculos con la realidad, alejándolo de la arquetípica metamorfosis que lo transforma en otra cosa —cf. las diferentes expresiones de la zoantropía—, dando lugar a lo informe, que «niega que cada cosa tenga su propia forma, imaginar que el sentido se ha vuelto sin forma (…) Los límites de los términos no son trascendidos, simplemente transgredidos o rotos, produciendo lo Informe por la delicuescencia, la putrefacción o el pudrimiento».

Superada la mórbida fascinación victoriana por la carne deforme y tumefacta de los freaks que, de feria en feria, se exhibían ante los ojos de un público aún marcado por el puritanismo religioso — los freaks eran «el fruto del pecado original», tal y como puede verse en un efectista pasquín publicitario durante una secuencia de El hombre elefante (The Elephant Man, 1980), de David Lynch—, la Nueva Carne es una monstruosidad que reniega del folclore y de la mitología, de la moralidad y de la lógica. La Nueva Carne, ya sea a través de las pinturas de H.R. Giger, las fotografías de Joel-Peter Witkin o las viñetas de Charles Burns, acomodándose en los films de David Cronenberg o en los cuentos de Clive Barker, hace que el infierno sea algo físico, no imaginado. Así pues, uno de los principales méritos de la Nueva Carne consiste en su habilidad para crear monstruosidades creíbles y tangibles. Sus monstruos son posibles, tienen las proporciones adecuadas. Ninguna sensibilidad artística anterior se ha arriesgado tanto en el camino de la realidad grotesca. Todas esas contorsiones, caras bestiales y muecas diabólicas son profundamente humanas. En una palabra, es difícil precisar el punto en que la realidad y la fantasía se confunden.

(…)Sin embargo, la gran paradoja de la Nueva Carne es que numerosos eruditos afines a lo fantástico, a lo bizarre, saben lo que es, pero no pueden acotar su esencia en un discurso hermenêutico más o menos consensuado entre las diferentes corrientes artísticas de vanguardia.